Studená válka

Queremos llamar la atención sobre la película polaca “Guerra fría” (checo “Studená válka”, polaco “Zimna wojna”), premiada en Cannes 2018 con la mejor dirección y presentada en Karlovy Vary. Es una historia de amor sufrido e imposible, narrada con diálogos mínimos, música y en blanco y negro, imágenes concisas, estilizadas y admirablemente fotografiadas. Los actores son desconocidos para nosotros, y son impecables: Tomasz Kot hace con sobriedad gestual un gran papel de artista y hombre torturado; Joanna Kulig es la chica, y evoluciona de la sensualidad instintiva de la primera juventud al colapso íntimo de las ilusiones con el paso de los años.

Sin embargo, lo más potente es cómo lo personal y lo político se combinan de forma indistinguible: la acción transcurre en los años cuarenta y cincuenta, empezando por lo más crudo de la guerra fría en un escenario rural en Polonia, y las limitaciones que impone la época de dictaduras y partición de Europa determinarán fatalmente la historia. Wiktor es musicólogo, profesor, va por los pueblos grabando música folklórica. Se funda una escuela de música y baile, donde el régimen quiere preservar la cultura popular reclutando jóvenes intérpretes para que canten y bailen folklore; así conocerá a Zula. Aparece la atracción, la pasión: él es el mentor, el la hace a ella, pero ella, ay, se convierte en la mujer de su vida.

Mientras tanto, los coros y danzas fosilizan la cultura popular en un ritual hueco, que la dictadura estalinista exporta como propaganda. El coro viaja a la antigua Yugoslavia, a Berlín. No es cuestión de hacer espóilers, pero Wiktor y Zula primero se separan y luego terminan, cada uno por su cuenta, en París, el escenario soñado de libertad, donde despiertan a una realidad de soledad y desarraigo, problemas de siempre del expatriado. La película avanza con un ritmo que no decae, utilizando la música con una inteligencia narrativa portentosa, desde la niña campesina cantando a capella una tonada folklórica hasta el jazz del pub parisino atestado del humo del tabaco.

Nos llega de la vecina Polonia esta película que, salvo por un pequeño problema de verosimilitud al final, algo precipitado, pero que no desmerece el conjunto, es sobria y honesta y está impecablemente hecha. No se la pierdan si les importa entender algo más este espacio de cultura y vida que es Europa Central.